Hace mucho tiempo sentía una angustia y una tristeza que nacía desde un lugar, un lugar que siempre me llamaba, las llamas ardiendo y bailando sobre mí, poco a poco las he controlado y hoy caminan conmigo.
Estoy aquí, frente a ti, después de muchas veces haber llorado y caído. La lucha constante y eso que llaman vivir. Vivir. Suena tan simple como pararse por la manaña y estar consciente de la luz y la materia; es más complicado que un atardecer, que recordar los ojos de alguien a quien amaste, que un abrazo tierno de tu madre, que el dolor que sientes en la garganta antes de llorar, mucho más que eso... Que la noche que se esconde detrás de ti, te vigila y te empuja.
La vida es un mar violento que te arrebata en cada movimiento. La vida es caminar sobre el agua y sentir todo al mismo tiempo. La vida es todo aquello que no duerme y se desborda para encontrarse en la punta de la boca.
Quizá siempre fue como imaginé, sentado en algún lugar de una casa que no conozco, en espera de que algo realmente me sorprenda, los pequeños momentos los tuve que valorar para poder sentirme realmente vivo. Y no, no pasó nada, sigo aquí en este lugar solitario con los mismos objetos de hace años. El dinero, la vida en un experimento que no resultó, la búsqueda de los procesos inconclusos, los fallos y los números que jamás coincidieron, siempre bajo el mismo sistema: la repetición automática de aquello que le llaman ciencia. Creo que no fue suficiente, siempre se quiere más. No, no creo que pueda salir, es como querer ser alguien más en otro matiz, tal vez en otro cuerpo. Siguen apareciendo, en la noche, justo antes de dormir: esquizofrenia de madrugada.
Sentado en este sillón, sentado esperando a que amanezca, sentado mirando fijamente un punto en el televisor; no quiero que mi vista periférica interrumpa mi concentración, no quiero cerrar los ojos para no perderme la señal de luz en la pantalla. Quieto y solitario con dolor intenso entre la piel y el cerebro. Las entrañas y las cicatrices escarbadas: la piel por fuera, el halo de los músculos y el inicio del hueso. Soy yo ante todos, ellos ante mí. La pérdida de lucidez y la entrañable espera del final de todo pensamiento.
Nadie ha vivido en el pasado. Nadie vivirá en el futuro. El presente es la única forma de vida. Es una posesión que ninguna fuerza puede quitarnos. El tiempo es como un círculo que gira infinitamente. El arco menguante es el pasado y el arco creciente es el futuro. No hay nada más que decir. A menos que las palabras cambien sus significados y los significados cambien sus palabras. Jean-Luc Godard: "Alphaville".
En un estado de soledad se puede incrementar, en tu mente, una infinita sucesión de ideas. Creo firmemente en este concepto como una forma de ser. No puedo fingir ser alguien quien no soy, jamás podré sentirme cómoda en situaciones de convivencia. Soy un pájaro, soy la lluvia. Soy parte ínfima de este discurso que le dicen vida, y como tal, formo parte de un sistema (¿o un aparato?) por tanto una decisión puede cambiar la perspectiva y las acciones de un número indeterminado de personas. No soy indispensable, pero sí importante y siempre que esté en momentos de crisis buscaré la solución para no perderme dentro de mí. Buscar la felicidad a costa de no tener nada, y que tus acciones sean un mar. No existen otras opciones, no existe el futuro inmediato, ni las promesas, todos y cada uno de nuestros pensamientos son flores pintadas en alguna fuerza.
Existe algo más fuerte que la muerte, es la belleza. No recuerdo cuándo empecé a escuchar Santa Sabina, recuerdo el televisor en un ejercicio de pasar una y otra vez, una y otra vez, la sucesión de los canales para no pensar, para distraerme, para no sentir: una mujer cantando en un vestido negro en un programa de MTV.
Y encontré alguien que me comunicaba algo que sentía (algo más fuerte que la adolescencia).
Santa Sabina, Rita Guerrero iluminó muchos senderos que estaban oscuros; me acompañó en momentos difíciles (y me seguirá acompañando porque la vida es esto); me acompaña ahora que palpo la felicidad y me siento amada.
Ella existe en los discos que están en mi casa, con su firma como testigo, con las fotos que conservo de ella, en las canciones que canto cuando pienso en mi lengua, ella y sólo en ella está. Permanece.
*Símbolos
*Miedo
*Incierto destino
*Mar adentro en la sangre
Cuatro canciones que rodean mi vida y me mantienen. Rita Guerrero y Santa Sabina. Santa Sabina y Rita Guerrero.
miércoles
¿Cómo saber el punto final? El momento justo de lo estático. Puede suceder en cualquier momento e incluso vivir tan intensamente que das por hecho que no vives nada extraordinario. Vivir, vivir en sueños ante la penumbra de la existencia: la realidad. Tus ojos en otros ojos. Mentirte quedamente para no recordar.
El agotamiento como recurso para lo inesperado. Despertar, vivir en un loop interminable: para no quebrarse en el recorrido.
La comodidad de la soledad, el invierno tardío.
(Cuadro: Las amapolas, Vincent van Gogh)
sábado
Misma luz que gira. Qué pasa afuera entre los árboles que se mecen silenciosos. Los puentes que nos llevan, suaves como un desvelo. Vacíos y esperas que dejan el dolor y el "no perdón". Pensar quedamente mientras otros descansan. El destello de una espalda con la ventana abierta, el cuerpo en un cuadro perfecto, pequeños actos sin victoria. Así termina y se anhelan los sábados de madrugada. No hay respuesta.
Erguida ante las preguntas del futuro, no herida ni despierta. Una golondrina en tus dedos, una constelación en tu cara. Junio y sus nuevos amaneceres. El resplandor quedo de tus ojos.
Muchas veces me pregunto qué haces a la mitad de la noche, otras recuerdo algunos momentos gratos. De magenta y borgoña entre sábanas limpias. Siempre sonriente en septiembre, el mes que nos lleva y nos trae por años. Uno y otro de tormenta al aire, con sus junios y sus agostos. Siempre en la misma línea de la triste juventud. Así sucede año con año y sigo escribiendo de ti para bien o para mal. De vista y olfato entre distancias recorridas, ciudades grandes y personas.
Yo abandonada a mi suerte intento recuperar fotos nuevas y aquella cinta de las manos en diferentes ojos. Entre horas y años que se acumulan pretendo encontrar una explicación a innumerables sucesos, busco justificar acciones. Siempre he estado en los mismos brazos y jamás, ni por equivocación, he invadido otros cuerpos.
Pues bien, es octubre y recuerdo a septiembre como un mes nuestro, mi único recuerdo sin fecha, solo un color: rojo. Es octubre y recuerdo junio, entre el mar que te espera a la deriva en brazos de tu padre y aquella hermana abandonada. Quisiera encontrarte de nuevo entre barcos y peces. De tul y cactus, caminatas en el desierto y una casa en la playa.
Poco a poco he perdido recuerdos, imágenes tan vivas hace unos años. Tengo dos formas de recordar:
1. Por canciones
2. Por aromas
Hoy llevaron mandarinas. Llegó a mí de repente, entre olor a computadora y a alfombra... cerré los ojos.
Su cabello castaño y sus ojos miel junto con su sonrisa de gato, ese tic de jalar la manga de su suéter y llevarlo a la boca, un chico sexy en labios pequeños y rosas.
Mi primer beso de verdad, todo lo anterior no existe. Me besó y sabía a mandarina.
Se nos acaba el tiempo. No hemos existido para nadie y somos el recuerdo. Las golondrinas sueltan en un compás el otoño que nos alcanza. El suave reposar de la quietud en una cama. Correré para que no me alcance el hastío, lucharé por mantenerme enamorada. Revoloteo entre las manos, el cabello y la mirada complaciente.
El jardín siempre con sus flores resplandecientes y el agua que brota alimentando mi dulce espíritu. De noche, de día, entre montones de letras. Recordar tardes de ocio y juventud. Distantes, callados y tibios.
Criaturas dóciles junto con el tocado en tu cabeza. Detalles, melodías y gentileza... un poco más.
1. adj. Que mitiga, suaviza o atenúa. Se dice especialmente de los remedios que se aplican a las enfermedades incurable para mitigar su violencia y refrenar su rapidez. U. t. c. s. m.
Cuando era pequeña no me gustaban los campamentos, se reducía a piquetes de mosco, quemaduras por sol, polvo en los pies, insectos pegajosos, comidas medio calientes, las que tenían que ser calientes y a la inversa. No tecnología y baños en los ríos.
Me gustan los festivales de música, pero por alguna extraña razón he ido a pocos, ¿por qué? pues los colectivos no son los mio: la gente que discute, no encuentras comida, no hay muchas bebidas, los baños son capsulas a punto de explotar, hippies on space.
Pero después de ver lo interesante de All Tomorrow's Parties(y el curador de este año fue Matt Groening), me quedaron tantas ganas de que alguien organice algo así y no los pobres festivales de unas cuantas horas en un estadio o autódromo en donde ahora hasta hay preventa (irremediablemente compraré mi boleto, pero lo hago por los Pixies y por mis amigos).
Un campamento, música, que la gente que vaya realmente les guste la música, un buen cartel y no banditas de mexicanos cantando en ingles, gente alcoholizada pero también con ganas de seguir cantando y bailando cuando den las seis de la mañana, piscinas, un lugar donde dormir, buena comida, instalaciones decentes, vestidos y botas, pantalones de bolsas y tennis de colores, dulces, cámaras fotográficas, ensuciarte de lodo por brincar, bebidas de colores o en vasos de colores, gente con la que puedas realmente hablar de música (y no solo de música), no gente que te manosea o canta a todo pulmón (y mal) el golden hit de la banda. Poder estar con la persona que quieres estar y cantar a su lado hasta que la última banda se vaya y correr por un camino empedrado mientras la luz de la madrugada pueda decirles más que cualquier amante de fin de semana. ¡Eso quiero! ¿Alguien puede dármelo?
And where will she go ando what shall she do
when midnight comes around
To all tomorrow's parties.
All Tomorrow's Parties, The Velvet Underground & Nico
De pronto ya no puse atención al libro y me sentía extrañamente fuera de todo. Acostada viendo pasar el día por mi ventana vino a mí todo aquello que hice en el año. No me la pase mal debo confesarlo, fue incluso un año divertido. Ya no quiero cambiar y de eso me di cuenta, sabes, a veces nos pasamos intentando cambiar defectos o virtudes pero mientras estaba acostada y a punto de dormir sabía en el fondo que ya estoy bien; todo está bien y no quiero cambiar nada, ni como me veo, ni como soy, encontré un balance y es justo en este momento mientras escribo cuando pienso que soy feliz, después de mucho tiempo de buscar aquel perfeccionismo. No más, estoy bien así, no debe caer nada de arriba, no quiero más. Y nunca he sido buena para planear, no me sale bien, termino haciendo lo contrario, no tengo planes, nunca los tengo yo creo por eso no conozco lo que es sentirse frustrada, no anhelo el amor pues la palabra perdió todo sentido para mí, tampoco me gusta el dinero. Todo está bien como está y el cuadro se pintó como siempre, pero este año no me quejaré como el pasado. Me siento bien y puedo verme por completa, ya no importa que pase, ni que digan, la tranquilidad y la paz vienen de la mano de la felicidad de poder tener todo lo que quiero: una sonrisa de las personas que amo, un abrazo sincero, un guiño para alguien que me haga enternecer, un beso al aire o en la mano y lanzarlo, una plática amena hasta amanecer caminando por la calle, el frió de las tardes, la satisfacción de poder tocar con quien quiera y lo que quiera, poder dormir en un instante, mis libros, las canciones nuevas, las canciones viejas, caminar por las tardes mientras me cuentas de gatos, los dulces que me regalan, las flores en la cabeza, los vestidos olvidados, conducir de noche para tí, ver películas y reírnos, las bibliotecas, las fotos, un cielo de noviembre en el piso lleno de pequeñas estrellas gritando, la gotera de tu cuarto y la ventana abierta que deja entrar el viento mientras bailo contigo y los abrazos previos con los cuales estaría conforme, las veces que me llevaste a casa y fumabas un cigarro afuera, el café donde podemos comer entre pequeñas plantas y música extraña, los asientos rojos del teatro, las guitarras de colores y los arbolitos de los bajos, los colores en los labios de las mujeres de mi vida en rojo, coral, rosa o de sabores, audífonos, aprender nuevos ritmos, la flor de papel aluminio que guardo, verte pintar de madrugada, los besos fallidos con maceta ja, pianito negro, estudios de grabación y nuevos cuartos de ensayo, brincar mientras tocan tu canción favorita, las catarinas que entraron en mi cuarto y los arcoíris que me regalaron para que pudiera sonreír cuando estaba triste, los nuevos ojos de color miel, de negro profundo, azul y verde, Mi Pequeño Pony, el pandero de cascabeles y la cinta en la cabeza, la lluvia y cuando me quedé empapada afuera de tu casa, los 'hasta pronto', el café en tu casa del centro, las baterías de diferentes colores, el olor de los amplificadores, el hilo de colores de un amplificador Fender, las historias de familia en el desayuno, los anuncios del periódico, levantarme en las mañanas entre almohadas y el frió que entra por la puerta, películas francesas, ver la luz entre las hojas de los árboles que ya no están, ver como rejuveneció el árbol de la 11 sur y Club de Golf, los helados y Icee, la comida, grabar canciones y arreglarlas, el olor del jazmín.
Me dormí.
For the lead and the dregs of my bed, I've been sleeping. Lower me down pin me in, secure the grounds for the later parade.
En este momento me siento satisfecha por un hábito que he logrado en mis pocos años de lectora: leer un libro al año detalladamente.
Detalladamente implica ser leído con toda la paciencia posible, sin prisa, sin perderme una sola palabra, una sola imagen; si hay alguna frase, oración o párrafo lo leeré una y otra vez, incluso puedo subrayar aquellas pequeñas palabras que me gustan.
Este año fue para: La señora Dalloway de Virginia Woolf.
Las imágenes de lo cotidiano, las flores descritas una y otra vez, los vestidos remendados, los guantes de colores en sus cajas, las sábanas de encaje recién planchadas, el lago y los vegetales, Septimus, mi eterna búsqueda del árbol dorado.
En este momento siento una nostalgia por el libro.
Hace poco fui invitada a participar en un colectivo donde el tema principal son las mujeres y el problema del género (Ya estoy escribiendo me falta poco). Creo nunca estuve involucrada en algún momento crítico de discriminación por ser mujer, afortunadamente me han tratado muy bien los hombres con los que he tenido que convivir de una forma digamos profesional. Incluso todos o por lo menos 9 de 10 hombres con los que tengo una convivencia diaria llevo una relación de amistad muy buena. Y creo se debe de igual forma por la postura que tengo, no soy más ni menos por ser mujer, soy una persona.
Y vino a mi mente el siguiente video:
Soy como la(s) chica(s) del video, una amiga más y me agrada esa sensación de estar rodeada de buenos hombres que me quieren y se divierten conmigo como una(o) más, con la inocencia que muchos no creen y con la ternura con la que me aman. Mis amigos de verdad son aquellos que me quieren por como soy y no critican nada de mí pues así me conocieron y con ellos me gusta estar, ver películas, platicar, escuchar música, tocar. Eso es 1979, el espíritu libre y sin prejuicios que trata de divertirse con quien esté y donde esté.
II
Tomo las fiestas al estilo 1979, han sido grandiosas, realmente buenas: donde no puedes ni hablar por la música, llenas de personas donde ya no se podía ni fumar porque se apagaban los cigarros, donde vas con la persona que te gusta, llenas de jardines, piscinas, fotos, bebidas caras, bebidas baratas, de coches desconocidos. Las fiestas 1979 donde tocas son muy buenas: hay poco equipo y te la pasas mejor pues no hay presión barata ni pretenciones, es simple diversión; la regla más importante.
Auto 1979, aquellos autos prestados, los que manejo, el mío lleno de amigos, discusiones y excesos. Ver la luz del día y olvidar apagar los faros. Y las pequeñas cadenas de tiendas en las madrugada.
Los encontré un día al regresar a casa amenazados entre jaulas y gritos de perro. Eran tan hermosos como dientes de león entre los pelajes de otros animales. Tan tiernos y afelpados como un botón de algodón-de azúcar.
Los llevé a casa por que eran tan suaves e irresistiblemente abrazables aquellos conejos. Crecieron entre cemento, ropa delicada y las pantuflas de toda la familia. Eran tan independientes y un poco como gallos. Eran dos machos con sus cachetes de bolita, les gustaba el sol de medio día que entraba en mi cuarto y sus patitas rosas hacían juego con sus orejas color salmón ¿Cómo no querer aquellas pelusas diminutas?
Crecieron y mi madre no los soportaba, siempre buscaba pretextos para dejar abierta la puerta y que algún niño pudiera enternecerse y se los llevara. Decidí dejarlos libres y tenía miedo de que no pudieran sobrevivir; decidí dejarlos en el lago, abrí la jaula, tenía ganas de llorar cuando los vi saltar por primera vez.