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jueves

miércoles

El placer de hablar con uno mismo

Si usted no lo sabe (no tiene por qué) el sábado perdí mi celular. Sí, una pérdida mas que un robo sin rostro. Y hasta hace una hora no estaba despierta, sonó el teléfono de mi casa, desde hace mucho tiempo no sonaba a esta hora, ¿me pregunto quién fue? Creo nadie contestó.

Entonces quise ver la hora y me di cuenta que no tenía celular. A eso se resumen mi apego con él, un reloj como primera necesidad. La verdad es que no necesito mucho del celular, si quiero comunicarme con mi gente sólo tengo que abrir Facebook y el chat me da lo que necesito o lo dejo pendiente en mensajes.

Lo voy a extrañar cuando salga otra vez de casa y no tenga qué escuchar mientras me traslado de un lugar a otro, me pregunto si mi ladrón le gustará mi música o ni siquiera se detuvo en ello.

Si debo ser sincera, no extraño mi celular, tal vez pudiera sobrevivir estos tiempos modernos sin él o sólo no me he enfrentado a sus necesidades. No veo la necesidad de comunicarme con terceros, sólo estamos mi yo y yo en esta casa, recuperando ese instinto de hablar conmigo. Siempre, de alguna forma, ha sido así desde pequeña y es un placer que tengo de contarme mi propia vida, de reconstruir los hechos, de pensar e imaginar, nunca necesité un tercero para construir mi discurso, nunca necesité de alguien más para sentirme acompañada.

Debería grabar mis instantes conmigo y eso me recuerda a una compañera que tuve en un trabajo que transmitía lo que hacía gracias a la cámara de su laptop (porque llevaba su lap a pesar de tener una de escritorio como herramienta de trabajo), a través de una página de internet se conectaba en vivo y ejecutaba sus labores, ¿qué puede hacer alguien frente a una computadora por diez o más horas? ¿Extraño? Cada quien construye su mundo y hace sus películas o sus autoetnobiografías.

sábado

El hombre

"If it keeps on rainin'..."

Suele suceder en espacios donde la luz se torna un poco blanca, tal vez sólo sea el efecto de las paredes transparentes y un poco de la luz que escapa tímidamente de su entorno familiar. Y nunca logro terminar un plato de este restaurante, logro verlo, ahí está de nuevo, no se quiere ir, está sentado concentrado en una libreta amarillenta, con el vínculo plateado tratando de descifrar el mensaje, lo veo de reojo, lo veo cuando ella no me ve, lo veo cuando él trata de leer. Tomo mi plato, platico, tomo un poco de agua, corto, retiro el cubierto, tomo agua, tomo mi plato, lo giro, corto, retiro, lo veo.
Me pregunto qué hace, me pregunto por qué no se va, ¿por qué aparece hoy?, ¿será una señal? Sigue ahí sonriente el oráculo atormentándome mientras intento comer y entablar un intercambio.
La televisión se presenta en un canal de videos que no entiendo, los meseros sonríen y los cocineros tienen esa expresión triste que te deja el cansancio.
Lo veo otra vez, sigue ahí, interviniendo, con su mano izquierda entretejida con el vínculo, lo veo, me sofoca, como, bebo, corto y retiro el cubierto, tomo y lo vuelvo a ver, sigue sonriente, ¿por qué sonríe?, ¿por qué me atormenta?





domingo

"Time, life itself goes on" [Futuro]

Quizá siempre fue como imaginé, sentado en algún lugar de una casa que no conozco, en espera de que algo realmente me sorprenda, los pequeños momentos los tuve que valorar para poder sentirme realmente vivo. Y no, no pasó nada, sigo aquí en este lugar solitario con los mismos objetos de hace años. El dinero, la vida en un experimento que no resultó, la búsqueda de los procesos inconclusos, los fallos y los números que jamás coincidieron, siempre bajo el mismo sistema: la repetición automática de aquello que le llaman ciencia. Creo que no fue suficiente, siempre se quiere más. No, no creo que pueda salir, es como querer ser alguien más en otro matiz, tal vez en otro cuerpo. Siguen apareciendo, en la noche, justo antes de dormir: esquizofrenia de madrugada.

Sentado en este sillón, sentado esperando a que amanezca, sentado mirando fijamente un punto en el televisor; no quiero que mi vista periférica interrumpa mi concentración, no quiero cerrar los ojos para no perderme la señal de luz en la pantalla. Quieto y solitario con dolor intenso entre la piel y el cerebro. Las entrañas y las cicatrices escarbadas: la piel por fuera, el halo de los músculos y el inicio del hueso. Soy yo ante todos, ellos ante mí. La pérdida de lucidez y la entrañable espera del final de todo pensamiento.


sábado

El tiempo según Thomas Mann

Digresión sobre el tiempo 
(Fragmento de La montaña mágica)

Se han difundido muchos conceptos erróneos sobre la naturaleza del fastidio. Se cree que la novedad y el carácter interesante de su contenido "hacen pasar" el tiempo, es decir, lo abrevian, cuando, en realidad, aunque la monotonía y el vacío alargan sin duda algunas veces el instante y la hora y los hacen "fastidiosos" abrevian y aceleran, hasta reducirlos casi a la nada, las grandes y vastas cantidades de tiempo. Por el contrario, un contenido rico e interesante es, sin duda, capaz de abreviar una hora e incluso un día pero, considerado en conjunto, presta al curso del tiempo amplitud, peso y solidez de tal manera que los años ricos en acontecimientos pasan mucho más lentamente que los años pobres, vacíos y ligeros, que el viento barre y que se van volando. Lo que se llama fastidio es, pues, en realidad, una representación enfermiza de la gravedad del tiempo provocada por la monotonía. Los grandes espacios de tiempo, cuando su curso es de una monotonía ininterrumpida, llegan a encogerse en una medida que espanta mortalmente al corazón. Cuando los días son semejantes entre sí, no constituyen más que un solo día, y con una uniformidad perfecta la vida más larga sería experimentada como muy breve y habría pasado en un momento. La costumbre es una somnolencia, o, al menos, un debilitamiento de la conciencia del tiempo, y cuando los años de la niñez son vividos lentamente y luego la vida se desarrolla cada vez más de prisa y se precipita, eso también es debido a la costumbre. Sabemos perfectamente que la inserción de cambios de costumbre o de nuevas costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos en vida, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para obtener un rejuvenecimiento, una fortificación, una lentitud de nuestra experiencia del tiempo, y, por esta causa, la renovación de nuestro sentimiento de la vida en general. [...]

domingo

Tercer piso



Primer paisaje

En aquel baño que es de mis padres, se escuchan en off mientras paseo en un pequeño cuadro de plasta negra y azul. En aquel ritual matutino que se convierte ahora en un punto de la noche encuentro el fin de un ciclo, el vértice del camino que se dejó. Ahí estoy de nuevo preguntándome si es un sueño o si es verdad que ya es de noche. En un parpadeo abro la puerta, es un sueño.

Segundo paisaje

Se cruza la puerta y el total abandono se encuentra en una almohada ajena, es él mirándome y se despide de mí con su sombrero: en una reverencia demuestra su respeto, aquel morado que lo viste. Me pregunto si lo estoy alucinando, es un sueño o la realidad. "Un sueño" es repetido constantemente y cierro los ojos para confirmarlo, los cierro fuertemente en un poder de mentirme y creer que todo está bien. No tengo un referente para saber si es mentira.

Tercer paisaje

Y estabas tú en aquel suéter negro a la sombra del atardecer con aquella misma sensación, la tranquilidad de tu compañía, en aquel último piso, en aquellas sillas de playa, con todo y nada entre nosotros, con los colores naranja y la niebla. Aquella vista panorámica, en aquel pasaje de Murakami. No cerrar los ojos, seguir en aquel lugar: el olor a rocío y un pequeño abrazo. Cerrar y abrir los ojos para darme cuenta que estabas ahí, en el mismo lugar a una distancia no muy cercana, eras tú y apareciste sonriente. Abrir y cerrar los ojos para pensar que era un sueño, la realidad de otro lugar, todo menos una alucinación.

El pescador

No sé por qué pero no puedo dejar de pensar en él, tal vez porque sigue vivo, por sus escandalosos enfrentamientos. Puedo recordar su primer movimiento pero no puedo captar el último, su juventud en el agua de media noche, en una noche roja y en los entremares de una costa. Todos los lugares son lo mismo cuando se trata de describir al mismo personaje, todas las noches pueden ser él, otro o alguien que se parece a mí.




El pescador puede llegar a ser el elemento que complete la armonía, a quien siempre se buscó: la bondad entre nosotros, la belleza y la ternura de un encantador quien se deja caer en un elegante revoloteo. Él como caos y desesperanza, como un concepto que no se podrá describir y que confunda a todos, que altere a sus semejantes, que su rostro jamás se pueda reflejar. El único sobreviviente.





lunes

The King of Limbs

*Burn the Witch*





Puedo empezar desde cualquier punto, llegaré a la misma conclusión. Se envían mensajes que me predisponen a sentir un miedo a escuchar The King of Limbs. Pero todo está bien, al final fue lo que quería escuchar: Radiohead.

Siento una gran ansiedad, locura, desesperación, energía a punto de desplomarse: apunta a todos lados, el paneo no es necesario, los ecos de las voces a medio cantar.

No, tampoco estoy obligando a que lo escuchen como yo lo entiendo, ni que les guste igual que a mí me ha gustado. Como toda pieza de arte, existe la ambigüedad y puede o no gustarte, pero el mensaje ya lo recibiste quieras o no. Con el simple hecho de ponerle play desde cualquier lugar.

Siempre un punto y coma en cada corte de canción. Beats esquizofrénicos, bajo tierno, guitarras precisas, voz confusa y limpieza en su totalidad... después de tantos años. No, ya no es la década de 1990 y mucho menos 2000. Bienvenidos a una nueva forma de entender la música. Te puede parecer innovador o no, pero ya lo escuchaste y no lo compares con sus anteriores discos, eso es lo peor que puedes hacer.

Estamos frente al discurso ¿lo mejor o lo peor?, no se puede valorar como mejor o peor el discurso: el discurso evoluciona, el discurso es el reflejo de nuestros tiempos, el discurso se construye con las mismas herramientas para expresar de manera distinta el mensaje.

Te puede o no gustar, lo puedes entender o no, puedes escucharlo mil veces y no encontrar nada, puedes ponerlo una vez y entender todo, puedes guardarlo en tu biblioteca de música y presumir que lo escuchaste y que no te gusto, puedes guardarlo en tu biblioteca de música y ser quedamente una persona que comprendió el mensaje y repetirlo en tu mente por pedazos a lo largo del tiempo.

Rito

Bajo centinelas esperar el atardecer tibio verde, amarillo y gris brilla, brilla, brilla en la punta. Caminar en línea encontrar las s...