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lunes

Tuve un sueño

Los sueños siempre son ventanas de nuestra vida, pero también son llaves a otras formas de leerla.

Los sueños siempre inquietos en la madrugada, aquello que se desgarra y tiembla, lo que inquieta y nunca se vuelve a construir, siempre atento a las debilidades, brincando suavemente.

Estaba ahí, encima de mí tomando mi brazo derecho con desesperación, voz de un hombre, insistente pronunció desesperado "La puerta, recuerda la puerta". Agitaba mi brazo contra él, "No olvides la puerta".

Desperté y por primera vez no tuve miedo.


domingo

Un mensaje en una hoja metafísica

Extraño mucho abrazarte mientras te duermes.
Extraño acariciar tu cabello.
Extraño verte a los ojos y decirte que eres muy guapo.
Extraño platicar contigo y que cruces las piernas.
Extraño tomar té, cuando el sol se oculta.
Extraño tus escaleras.
Extraño movernos entre la caída del día y que nos alcance el amanecer.
Extraño ver tus camisas de cuadros y los cables que se expanden por la batería.
Extraño que me cuentes de números y de robots.
Extraño que me tomes con un brazo y sentir cómo me derrito de ternura.
Extraño oír tu risa mientras te cuento todo y nada.
Extraño sentirte y saber que todo el universo me come.
Extraño el dorado relámpago de tus ojos.
Extraño tu boca.
Extraño la música que sale de tus pasos.
Extraño que me lleves al mar, al bosque, a un planeta.
Extraño el árbol que crece en tu espalda.
Extraño vernos acostados a punto de dormir.
Extraño tomarte de la mano y caminar por la ciudad.
Extraño oír tu voz que me atraviesa, más que todo conocimiento.
Extraño que me expliques el mundo.
Extraño tu sillón y todo lo que significa.
Extraño compartir contigo todo lo que tengo.
Extraño que me compartas todo lo que tienes.
Extraño el destello de tus ideas y que te emociones cada vez que encuentras una respuesta.
Extraño ver la ilusión que sale de tus ojos cada vez que platicamos de ciencia.
Extraño jugar contigo.
Extraño la noche.
Extraño que me muestres canciones, discos completos.
Extraño tu sonrisa y que te sonrojes.
Extraño lo bien que se siente los desdoblamientos.
Extraño que me digas lo hermosa que soy y que me veas a los ojos.
Extraño los colores, los aromas y las figuras que me has construido.
Extraño las flores que crecen en nuestros cerebros.
Extraño tus inventos y el pizarrón siempre lleno de notas.
Extraño cómo tomas mi cara cuando me besas.
Extraño que me escuches.
Extraño los papeles y los libros que se acumulan.
Extraño las películas que nunca vemos (jajaja)
Extraño dejar mi color en tus labios.
Extraño el agua que creamos.
Extraño.



domingo

Rebeca


No puedo olvidarla, ¿cómo? ¿Como olvidarla? Es como querer olvidarte. Rebeca es tan hermosa y distante, como una gacela parada al atardecer. Mi amada Rebeca y sus tardes en el mismo lugar, sobre las mismas condiciones. Distante y cercana es mi Rebeca cuando toma un trago o cuando nos mira, quisiera pensar que no le fui indiferente entre música del norte. Una mujer así es como el atardecer mientras caminamos entre el sol, así es Rebeca, ese sentimiento de frío que deslumbra, como una flor a punto de brotar.


(Imagen: Hopper, Eduard. Autómata.)

El pescador

No sé por qué pero no puedo dejar de pensar en él, tal vez porque sigue vivo, por sus escandalosos enfrentamientos. Puedo recordar su primer movimiento pero no puedo captar el último, su juventud en el agua de media noche, en una noche roja y en los entremares de una costa. Todos los lugares son lo mismo cuando se trata de describir al mismo personaje, todas las noches pueden ser él, otro o alguien que se parece a mí.




El pescador puede llegar a ser el elemento que complete la armonía, a quien siempre se buscó: la bondad entre nosotros, la belleza y la ternura de un encantador quien se deja caer en un elegante revoloteo. Él como caos y desesperanza, como un concepto que no se podrá describir y que confunda a todos, que altere a sus semejantes, que su rostro jamás se pueda reflejar. El único sobreviviente.





sábado

El tercer personaje


Fragmento del cuadro de Edward Hopper: Nighthawks


El tercer personaje, el destructor, el invasor. Vigilante desde el primer momento, involucra su ansiedad entre los protagonistas (o tal vez él siempre fue el único de todos ellos). Quiere romper el cuadro, quiere destruir el equilibrio que se ha logrado con aquella tenue oscuridad, con la tranquilidad que han construido con base en la inocencia. No se quiere ir, invadirá cada centímetro con su angustia. Al final quedará él entre la soledad de un objeto y el sombrero que protege su mirada. Tranquilo esperará el mínimo error, el mínimo descuido. En un movimiento leve de ola todo estará destruido. El observador, el caníbal.

Rito

Bajo centinelas esperar el atardecer tibio verde, amarillo y gris brilla, brilla, brilla en la punta. Caminar en línea encontrar las s...