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viernes

Quejido

Quiebre de mis manos que se vuelven todos los demonios, que son míos, llegan y se convergen. Lo conozco perfectamente y sé que no puedo hacer nada por fuerza de voluntad: un quejido en la noche, dolor que dura días, llanto a la mitad de tu cuerpo, odio por lo humano, desolación que sabe a muerte, acción sin terminar, una vida.

Todo es un ciclo y una mentira, siento todo y al mismo tiempo, todo en un instante que se estira. Doy un vistazo, me siento perseguida. Duermo, duermo, duermo. Los perros aullan en las madrugadas, no se callan, no cesan. Las puertas se abren, los pasos en la escalera, el frío de la mañana. Todo está esparciendose: "¡Que se acabe!". Todos hablan en un zumbido que se ahoga.

"¡Que se callen! ¡Que pare!".



De azul brillante

Respeto mucho las cocinas ajenas, sin duda son rincones donde se percibe la personalidad de las personas. En estos días de fiestas ayudo en la cocina, aún no se me delega un platillo: pico cebolla, lavo frutas, vegetales, trastes...

Me hipnotizo ante los colores de las jaibas, puedo sentir el relieve de sus cuerpos, suenan como cascabeles huecos al chocar una con otra, mis manos son insípidas ante su brillo; "debes meter el cuchillo de un sólo golpe, no lo pienses": lo clavo y cruje como una guitarra recien conectada (el plug y el sonido). Recuerdo esa vez que una ola me llevaba al mar y los pedazos de conchitas se me clavaban en los pies, empezaba a sangrar, lo veía en el agua mientras bocarriba trataba de salir de la ola. "Ahora quita el centro pues son sus intestinos, igual arrástralo hacia a ti y de un sólo tajo": "Best finest surgeon, come cut me open" (siento un dolor que me hace sentir viva, dentro, algo me atormenta). Veo las tenazas y canto de nuevo para reafirmar un pensamiento, recuerdo los ojos de St. Vincent en:



Recuerdo en las tenazas un mecanismo médico, cierro los ojos, siento el agua entre los dedos, cierro la llave.

jueves

Identificación

Una línea fría cruza por mi vientre, entre cuatro se parte y me congela: mi última esperanza. Me estiro y mi brazos se posan sobre mi cabeza, mi mano derecha se engancha a mi brazo izquierdo y lo ciñe con violencia, como una raíz de orquídea (la ansiedad) que invade, "no soy yo", me digo mientras trato de no ver la pantalla en negro y blanco.

Dos, tres, cuatro me rodean y me observan: tocan, contemplan, comentan. Todos estamos en esta orquesta. No me gusta que me toquen, evito todo contacto posible [tengo miedo]. Cierro los ojos por un momento y me imagino en el fondo de una piscina, cuando caen las luces de la noche, las veo, las imagino; regreso al rito y una serie de preguntas me distraen, sigue el escaneo, se concentran en ciertas zonas y suena el disparador, salen una a una las imágenes, no las quiero ver, cierro los ojos y me encuentro dentro una noche entre el olor a árboles y miel [quiero salir corriendo]. Coloca de nuevo el instrumento y con cortesía me preguntan y vuelven a preguntar, me citan instrucciones, me he enterrado las uñas; estoy de pie.

En una posición, sola, me conforto y cierro mi mano derecha y la aprieto, miro fijamente el frente, a un punto de fuga y repito "no soy yo", una luz blanca se sobrepone, hay un frío entre placas.



domingo

La mujer gris

Juro que la vi, la vi como un demonio a medio día. Y era ella.

Desde las escaleras de un hotel vi aquel espejo, caminaba como hace años.

La vida placentera de caminar sin rumbo, sin dinero, era ella la que me torturaba por la idea de no estar.

Las puertas se abren como el vínculo que va más allá de la coincidencia, es la percepción del sistema, del orden en
secuencia, un todo entre ella y yo, una simbiosis mental que se experimenta como cuando miras nada en un cuarto lleno de colores.

¡Era ella era ella! y estoy segura a quien vi.



(Imagen: escultura de Sonja Vordermaier)

Rito

Bajo centinelas esperar el atardecer tibio verde, amarillo y gris brilla, brilla, brilla en la punta. Caminar en línea encontrar las s...