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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Nevermid

Conocí a Nirvana una tarde en casa de mis primos, con ellos hice mi primera banda, en un cuarto pequeño con una litera y posters de rockeros muertos. Sonó Nevermind, yo tenía como 16 años, Nirvana era Nirvana y Kurt Cobain estaba muerto.

A veinte años que salió este disco es fácil criticarlo, pero no podemos quitarle el valor cultural que tiene. Me inquieta cómo un disco tan sencillo puede tener bajo su proceso (composición, grabación y producción) tanto qué aprender, y en el que se aplica los pequeños secretos de bandas consagradas: las dobles pistas de voz, poner en el mismo canal  el bajo y la batería, el volumen de muchas guitarras, cómo ubicar las guitarras distorsionadas en los diferentes canales y el significado de una guitarra limpia, los samples.
Escuchar el Nevermind me remite a la adolescencia, hoy para un adolescente ya es música vieja. Mis amigos, en ese entonces, unos pequeños, soñaban ser rockeros tocando los instrumentos. No soy Generación X, ni siquiera sé a cuál pe…

¿Por qué no siento nada?

Nuestra generación pierde mucho tiempo pensando en tonterías.


Ésta es una aseveración que he comprobado en estos últimos meses. He recorrido la mente de las personas y no encuentro más que trivialidades, las cuales convierten en prioridades. Ficciones que se vuelven fantasmas, traumas que justifican sus defectos. Hay un mundo fuera de todo eso.



Nenúfar

Éste, el océano de flores que envuelve nuestro cielo, no por siempre. No siempre necesito de personas para sentirme. Soy lo único, lo primero, lo que mueve todo este mundo que te rodea. Soy un ser solitario y ligeramente rosa, en estos platos verdes. Eres mi eje y puedes ver los colores que se pintan dentro del agua cuando flotamos, juntos en estos metros cúbicos. Eres tú a lo lejos y soy yo en el centro, me rodeas, me confundes. Soy el medio y soy la causa.

Nuestro Pollock

Te observé detenidamente, por temor a no volverte a ver así, en esta quietud y en este matiz. Me pediste escribir sobre un momento entre nosotros. Eso éramos, un hermosa canción en un celular en medio de un circuito cerrado a las seis de la tarde, en el pasto húmedo. Y sonreías en aquella situación de felicidad absoluta, los dos tomados de la mano mientras tocabas con la otra aquella pieza, el atardecer y todo se pinta de rojo y azul. Se siente el cálido rubor de tenerte cerca, de tocarte dulcemente, de pegarme a ti en mayor medida. Un movimiento hacía atrás, para tirarnos en el pasto, dos hermosos centros de gravedad. Rocío de delicadas gotitas con centro de arena; te ríes y me río contigo: una inolvidable escena de juventud, los dos, contigo. Me dices que podrías matar por todo esto es mentira, y lo sabemos, jamás has soltado mi mano, la aprietas un poco más y quitas unos hilos de cabello para besarme. Llueve.