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Nuestro Pollock


Te observé detenidamente, por temor a no volverte a ver así, en esta quietud y en este matiz. Me pediste escribir sobre un momento entre nosotros. Eso éramos, un hermosa canción en un celular en medio de un circuito cerrado a las seis de la tarde, en el pasto húmedo. Y sonreías en aquella situación de felicidad absoluta, los dos tomados de la mano mientras tocabas con la otra aquella pieza, el atardecer y todo se pinta de rojo y azul. Se siente el cálido rubor de tenerte cerca, de tocarte dulcemente, de pegarme a ti en mayor medida. Un movimiento hacía atrás, para tirarnos en el pasto, dos hermosos centros de gravedad. Rocío de delicadas gotitas con centro de arena; te ríes y me río contigo: una inolvidable escena de juventud, los dos, contigo. Me dices que podrías matar por todo esto es mentira, y lo sabemos, jamás has soltado mi mano, la aprietas un poco más y quitas unos hilos de cabello para besarme. Llueve.


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