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Sirenas//Fresa

Mirarlas fue el regalo más hermoso en este viaje de costa a costa, viaje que me suena a lo mismo y que después de unos minutos guarda una cierta repetición en sus paisajes, decido leer un poco mientras este móvil me lleva a ti. Se contonea, se navega, se siente su ritmo y sobresaltan los peces verdes y grises de las orillas; se detiene el sol entre sus cristalinos protectores, volteo y ahí están conversando un par de sirenas, las más hermosas que jamás veré: se coquetean y se conversan.

Dos criaturas hermosas por sus acciones: comen fresas, cantan, ríen... ¡Quisiera que durara siempre este instante! ¡Verlas por la eternidad entre las rocas! Son un regalo que ellas mismas jamás contemplarán.

Se llevan los rojos frutos una y otra vez a la boca, noto la frescura que dejan en la punta de su lengua, se contemplan y cantan, no logro entender lo que enuncian, me hipnotizan en este navío, en este viaje que me impacienta.

Pienso en el agua que recorre su cabello: el calor y la humedad fluye como una conexión con la que me hacen suya, sus hermosos pensamientos, la fresa. Quisiera observarlas toda una vida y que me platiquen; quiero ser ese fruto final, el último y más deseado.

La fresa y sus pequeños pliegues en tu lengua, el explosivo dulce de sus interiores, el color que se desliza por tus labios, la comisura que se forma abajo, la fresa que explota entre las piernas, el fruto que se desea, la fresca brisa del final, el mar, la fresa.

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