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El sueño I / Parte II



Y volví a dormirme en el transcurso de la tarde, el cristal revolotea entre un parpadeo y el cansancio. El fin del libro y un toque de aire en el jardín. Estás presente en este momento, junto a mí. Me gusta soñar contigo y encontrarte disuelto entre lo que se llama enamoramiento. Es más que eso, es más que todo, es lo último que me queda.

Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la Tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa. (Sputnik, mi amor: Haruki Murakami).

Qué más me queda, el sentimiento en algún lugar inmerso, en un rincón a escondidas, en el fondo de todo aquello que me has creado en la mente. En el fondo frío, en las tardes en que paseamos juntos, entre aquellas flores rosas, en el centro de todo. Dormir y soñar para encontrarte en aquella casa que ilumina todo en color tenue, a humedad y ternura. Abrazados para no terminar nunca de sentirnos. Estás a mi lado en un sencillo consuelo: un sueño, los dos, en nuestra casa.

Mirarme como quiero que sea, el fin, el inicio, lo perdurable y el miedo de un revoloteo. Tú y yo acostados en el pasto, en una tina de baño, en el comedor, en un sofá comiendo cereal, yo leyéndote hasta que duermes cansado, en un elevador, en un auto, entre los jardines que nos contemplan. Los dos.





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