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La mujer gris

Juro que la vi, la vi como un demonio a medio día. Y era ella.

Desde las escaleras de un hotel vi aquel espejo, caminaba como hace años.

La vida placentera de caminar sin rumbo, sin dinero, era ella la que me torturaba por la idea de no estar.

Las puertas se abren como el vínculo que va más allá de la coincidencia, es la percepción del sistema, del orden en
secuencia, un todo entre ella y yo, una simbiosis mental que se experimenta como cuando miras nada en un cuarto lleno de colores.

¡Era ella era ella! y estoy segura a quien vi.



(Imagen: escultura de Sonja Vordermaier)

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