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Presagio


Tengo temperatura y no me quiero acostar. Tal vez estoy alucinando pues mi cuarto tiene una extraña textura. Se me antoja dormir placenteramente o leer. Quiero un helado. Tengo calor pero estoy fría. Conversiones cortas. Quisiera saber exactamente qué hacer.

Quiero nadar o tirar de algún lado de mi cuerpo. Se despliega suavemente entre las esquinas, como un ínfimo hilo de un listón, aquel que se asoma tibio entre otros tantos. El subconsciente entre los amaneceres. Cualquier pretexto puede invitarme a despejarme entre las sábanas y el frío del cuarto. La venta amarilla y el viento que se pasea entre el jardín de la casa.

Me deshidrato entre esta multitud que me observa en esta habitación. Siempre los mismos aislantes y terminales de electricidad. Fotones (idénticos) y la fuerza de los iones. No entiendo ni una palabra del texto, tan sólo lo repito en mi cerebro. Frito por tantos enunciados citados. Los números indispensables no tienen resguardo en mi memoria a largo plazo. Quiero entrar en la piscina. Pensamiento en tercera dimensión. No soluciones: son soluciones objetivas. No. Enfrentar las debilidades.

Fiebre entre nosotros y me siento tentada a llamar a un doctor (médico). Píldoras de penicilina, paracetamol y un poco de amoxicilina (encuentro un extraño placer en el tierno zumbido de sus cuerpos blancos en la botella: como gotas químicas, como pies de bailarina, como una marcha de ataque próximo), agujas convexas de tantos milímetro en mí (irritantes con un ligero cosquilleo).




Comentarios

Anónimo ha dicho que…
:O
Ay güey!