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El gato

Mother: Aurel Schmidt





Tal vez ni siquiera te des cuenta que hablo contigo y es porque últimamente evito hablar de lo nuestro. Me conforta saber que al final tú eres el que se irá y me quedaré sola sea cual sea la opción de salida (si la des tú o yo). En fin siempre termina de acuerdo a nuestro tiempos: con engaños, mentiras, cosas escondidas, sentimientos encontrados, dolor de estomago, vómito a media noche, sangre en los costados, terceras y hasta cuartas.


Me pregunto por qué llevabas eso en la mochila. Me pregunto por qué ya no recibo cartas (muy en el fondo sé que envías cartas a otras casas pues es un hábito). Me pregunto por qué ya no vienes a casa o no hablas por teléfono.


Paranoia de cigarro. Depresión por tantos números que he acumulado: ¿Cómo puedes no buscarme después de tanto tiempo? ¿Crees realmente que todavía te amo? ¿Cómo puedes prometerme tanto cuando no dices nada?


Aaaaaah estoy tan desesperada que podría saltar en este momento de este edificio. Odio la luz blanca de medio día en mi cara (en tu cara)(en su cara), un cigarro más para poder pensar mientras escucho música pop en el cuarto de a lado. ¿Dime qué debo hacer? (¡No lo sé a mí no me preguntes, a mí siempre me preguntas, yo no llevo la ventaja, se supone que tú eres la que tiene el poder!).

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