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My body is a cage

You're standing next to me
Still my heart beats so slow
La noche se volvió un rito entre madejas de estambre, gritos y té de colores (algunas chicas tomaban Fabuloso) no pudo comprender cómo todo se volvió un circo de la nada, alguna vez soñó con encontrar un lugar donde trabajar fuera risas y dulces. La trapecista se contoneaba en sus zapatillas color pastel, el loco del circo tocaba su guitarra entre sus pequeños hijos payasos, los elefantes sentados en las sillas.

Contemplaba la librería que estaba enfrente e imaginaba como le hacían si el segundo piso no tenía techo (una plaga de mariposas negras volaban buscando luz).

Sentada afuera en una banca pensaba qué podía hacer (Just because you've forgotten that don't mean you're forgiven), su truco ya había terminado, esperaba algo de que reírse. Entonces sucedió: ella creía que estar en el circo era como un cuadro, entendió que sólo había visto una esquina y que afuera el mundo era el lienzo entero.

Dos borrachos caminaban tambaleándose como Fofo y Fifí en la cuerda floja, imaginó mil canciones para el número pero entonces oyó como le decía uno a otro -AAaag me mordió una rata y tengo miedo que tenga rabia-.

De un carruaje salían tres mujeres perfectas engalanadas entre sus abrigos artificiales oliendo al más puro olor de lo livianamente cumplido, bellas entre sus colores perfectamente colocados como la orilla de un pañuelo. Tocaron el timbre y en una casa lujosa entraron entre carcajadas de un duro color rojo.

Sabía perfectamente que esa noche marcaría un nuevo inicio y pensaba plácidamente contemplando las estrellas (como lo hace cada vez que no hay nada que cubra el cielo) seriamente en quemar la carpa y contemplar todas las noches de ahora en adelante.

Set my spirit free, set my body free.

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