Ir al contenido principal

El placer de hablar con uno mismo

Si usted no lo sabe (no tiene por qué) el sábado perdí mi celular. Sí, una pérdida mas que un robo sin rostro. Y hasta hace una hora no estaba despierta, sonó el teléfono de mi casa, desde hace mucho tiempo no sonaba a esta hora, ¿me pregunto quién fue? Creo nadie contestó.

Entonces quise ver la hora y me di cuenta que no tenía celular. A eso se resumen mi apego con él, un reloj como primera necesidad. La verdad es que no necesito mucho del celular, si quiero comunicarme con mi gente sólo tengo que abrir Facebook y el chat me da lo que necesito o lo dejo pendiente en mensajes.

Lo voy a extrañar cuando salga otra vez de casa y no tenga qué escuchar mientras me traslado de un lugar a otro, me pregunto si mi ladrón le gustará mi música o ni siquiera se detuvo en ello.

Si debo ser sincera, no extraño mi celular, tal vez pudiera sobrevivir estos tiempos modernos sin él o sólo no me he enfrentado a sus necesidades. No veo la necesidad de comunicarme con terceros, sólo estamos mi yo y yo en esta casa, recuperando ese instinto de hablar conmigo. Siempre, de alguna forma, ha sido así desde pequeña y es un placer que tengo de contarme mi propia vida, de reconstruir los hechos, de pensar e imaginar, nunca necesité un tercero para construir mi discurso, nunca necesité de alguien más para sentirme acompañada.

Debería grabar mis instantes conmigo y eso me recuerda a una compañera que tuve en un trabajo que transmitía lo que hacía gracias a la cámara de su laptop (porque llevaba su lap a pesar de tener una de escritorio como herramienta de trabajo), a través de una página de internet se conectaba en vivo y ejecutaba sus labores, ¿qué puede hacer alguien frente a una computadora por diez o más horas? ¿Extraño? Cada quien construye su mundo y hace sus películas o sus autoetnobiografías.

Comentarios