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Despeje de la incógnita



Siempre con la espera de una esquina mal formada se encuentra el hombre de las 9:15. Recorridos largos entre la idea de lo que cree mirar y mi realidad a bordo de este vehículo. Se pregunta siempre, entre números, el orden perfecto para llegar al mismo punto, nunca hacia atrás, siempre en espera de la variable que le permita salir. Un pan en la mano siempre lleva el hombre de las 9:15, con un olor a flores secas (el contorno de cartón atrapado entre sus orillas). De frente y con mira hacia mí en aquel móvil que parte de lo lejano a lo más próximo, siempre de frente. Pinta una pedazo de pan con su plumón negro, lo mira y desdeñoso lo tira como un bocado al agua, soy un pez.

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