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Misma luz que gira. Qué pasa afuera entre los árboles que se mecen silenciosos. Los puentes que nos llevan, suaves como un desvelo. Vacíos y esperas que dejan el dolor y el "no perdón". Pensar quedamente mientras otros descansan. El destello de una espalda con la ventana abierta, el cuerpo en un cuadro perfecto, pequeños actos sin victoria. Así termina y se anhelan los sábados de madrugada. No hay respuesta.

Erguida ante las preguntas del futuro, no herida ni despierta. Una golondrina en tus dedos, una constelación en tu cara. Junio y sus nuevos amaneceres. El resplandor quedo de tus ojos.

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